De niño siempre soñaba con estar algún día en el Camp Nou, Alianz Arena, Santiago Bernabéu, Old Traford, Olímpico de Roma… Los adeptos del fútbol me entenderán; los que no tanto, les anuncio que hago referencia a los mejores estadios del mundo, templos de un deporte que congregan a miles de personas en sus graderías y a millones frente al televisor. Yo estaba entre uno de ellos, observando la pantalla.

Era consciente de que solo tenía dos puentes para cruzar y alcanzar dicho objetivo. El primero, me inducía a seguir una carrera futbolística, destacar a nivel local en las divisiones inferiores y llegar a uno de los equipos emblema del Perú. Así, más adelante, en el mejor de los casos, tener la posibilidad de ser visto y contratado por un club europeo gracias a mi deslumbrante capacidad goleadora.

Sé que parece alucinante, pero en ese momento, para un chiquillo de ocho años, no había imposible; sabía que era un buen jugador y tenía un amplio margen de mejora, la seguridad se convirtió en mi aliada. Pasaron dos años y marchaba viento en popa, ya me encontraba disputando partidos de la liga trujillana sub–12, cuando de pronto, algo que ocurre frecuentemente en este ámbito me tocó: una lesión de rodilla.

Vi cómo mi primera opción se truncó, jugar contra chicos mayores me pasó factura, la dura competencia impidió temporalmente mi reto, estuve meses desconectado, fuera de acción; sin embargo, un aire de optimismo rozó mi cabeza y recordé que había una segunda opción: el periodismo deportivo, debía comenzar a practicarlo desde ese instante si realmente estaba dispuesto a retomar el vuelo.

Recuperé el ánimo y me reconcilié con el deporte, esta vez iba con más fuerza. En calidad de narrador y comentarista, a la vez, en los encuentros olímpicos de mi colegio, descubrí una nueva habilidad comunicativa que hacía de compañía perfecta para mi pasión. Pude visualizar al fútbol de forma más amplia y enriquecedora.

Siete años más tarde, el 2016, me situaba por primera vez en la sección prensa del estadio Mansiche a punto de espectar uno de los partidos más atractivos del torneo hasta ese entonces, UCV vs Universitario de Deportes, tras afiliarme a la Asociación Nacional de Periodistas Deportivos gracias a mi labor como reportero en la productora independiente Ojo Negro.

Cuando el árbitro dio el último pitazo y las rejas que daban entrada a la cancha se abrieron, creo que los latidos de mi corazón sonaban más fuerte que los cánticos de la hinchada. El camarógrafo y yo teníamos los equipos listos, entramos corriendo y nos situamos en el grupo de informadores que, con actitud de cazadores, tomaban las declaraciones de los triunfadores; en especial, del goleador, Edison Flores.

Hasta esta fecha, 2017, he cubierto cerca de cinco partidos de primera división y uno de selección, un tanto más informal, que estaré compartiendo en mis próximas redacciones. Todavía conservo el sueño que poseía aproximadamente  hace una década y, cuando después de arduas jornadas logre cristalizarlo, diré: “Al fin, objetivo cumplido… Aún recuerdo ese día, mi primera vez en la cancha”.

Sobre mí:

Las áreas que más me apasionan son las Relaciones Públicas, la Comunicación para el desarrollo y el periodismo. Soy practicante de teatro (integro el grupo UPAO) Actualmente pertenezco al equipo de FM 96, la radio de la ciudad, y espero seguir acercándome cada vez más a mis sueños, porque sé que si soy capaz de creerlos, soy capaz de crearlos.

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