La aparición del internet, en los años 60, durante la Guerra Fría y su posterior masificación, en la década de los 90, significó para todos las disciplinas y profesiones una verdadera revolución, en la cual el desarrollo de la WWW (World Wide Web) permitió la democratización de la información en el mundo.

De todas las profesiones que recibieron el impacto del internet, el periodismo se adaptó a las nuevas plataformas, características, lenguajes, estilos y, sobre todo, a un nuevo perfil de usuario (lector) que tiene otro tipo de exigencias y requerimientos.

Es allí donde aparece el ciberperiodismo, el cual es la nueva modalidad del periodismo que requiere renovarse y actualizarse constantemente en una realidad que tiene una nueva manera de producir, transmitir y difundir información (Diaz Noci y Meso, 1996).

Válery Bazán Rodríguez, especialista en Periodismo Digital, el ciberperiodismo es la extensión del periodismo de medios tradicionales al periodismo con formato multimedia en internet.

Otra definición es la que brinda Ramón Salaverría (2019) sobre el periodismo digital en la cual señala que es la especialidad del periodismo que emplea el ciberespacio para investigar, producir y, sobre todo, difundir contenidos periodísticos.

Es decir, el ciberperiodismo es el empleo de un medio digital para crear, distribuir y almacenar información, en este caso, las noticias en general, partiendo desde y llegando hasta el internet.

El periodista debe cumplir nuevos requisitos al momento de redactar en estas nuevas plataformas como son: producir contenidos multimedia, gestionar grandes cantidades de información, utilizar técnicas de producción de mensajes informativos y elaborar información actualizada en tiempo real.

Asimismo, estos textos deben tener exactitud al momento de informar, rapidez al transmitir y corrección al redactar (Agencia EFE, 1988), siendo muy importante que la brevedad, claridad y precisión sean las principales cualidades de la redacción periodística en el ciberperiodismo.

Por otro lado, es preciso indicar el salto del papel a la pantalla, donde la usabilidad y la navegabilidad de las plataformas digitales de los medios de comunicación son fundamentales al momento de diseñarlas, debido a que la usabilidad es una condición de supervivencia que es determinada por la permanencia o abandono de la página por parte del cibernauta.

También, es recomendable que la información puesta en la red sea no más de la mitad de la que va a ser impresa.

Bazán Rodríguez añade que todo texto y contenido multimedia en internet, sea informativo o no, debe adaptarse a los algoritmos de Google para el buen posicionamiento de la noticia y de la misma web, es decir, que el texto debe ceñirse a las reglas de SEO (Search Engine Optimization) pero también a una escritura natural pero respetuosa de las normas básicas del idioma.

Además, es necesario considerar que la lectura en pantalla cansa más la vista y es un 25% más lenta. También, el lector tiende a escanear rápidamente la página buscando palabras clave y, sobre todo, los nuevos usuarios si no encuentran de forma rápida lo que buscan, abandonarán la página de forma inmediata.

Del mismo modo, Jakob Nielsen (2000) en sus investigaciones de Eyetracking señala que existen varias modalidades de lectura en la pantalla, como son: en forma de F, recorriendo horizontalmente la pantalla, luego en forma vertical para detenerse en un segundo punto medio; en forma de E, cuando realizan un tercer recorrido horizontal en la parte final de la página y, en forma de L, donde empiezan con un recorrido vertical para terminar de forma horizontal.

Por tanto, la pirámide invertida también ha sufrido un cambio en su estructura, donde el titular de la noticia deja de ser un elemento aislado para formar parte de la estructura narrativa de la noticia, es decir, es la primera parte de la pirámide invertida y su sentido literario está cada vez más, en desuso.

Igualmente, se recomienda que los párrafos no sean de más de 4 líneas de extensión para que no sean muy tediosos de leer y que los textos no sean de no más de 25 líneas como máximo y que sus encabezados sean significativos y no solo atractivos.

Es más, un titular periodístico en internet debe escribirse de tal forma que el lector no deba hacer clic para descubrir de que trata la información que hay detrás de él (Palomo, 2004).

Bazán señala, además que, ahora no existe área digital o área de redacción convencional. Ahora están integradas. Pero el desafío sigue siendo la rentabilidad. También han aparecido proyectos periodísticos online, que nacieron directamente en la web y que comprenden el periodismo con otro enfoque puramente digital, pero con los pies en el offline.

En conclusión, la redacción periodística en el ciberperiodismo obliga al periodista a adaptarse a las nuevas características y modalidades que este nuevo medio ofrece y, a su vez, exige una nueva forma de redactar considerando las características anteriormente dichas, donde el título y la entradilla de las noticias deben captar de forma rápida la atención de este nuevo perfil de lector.