Quizás en algún momento nos hayamos preguntado eso. Estoy seguro de que sí, y no creo ser la excepción. Debo admitirlo, durante un tiempo creí y tuve la ilusión de que muchos de nuestros ciudadanos votaban bajo una cultura electoral; informándose acerca de los candidatos y sus planes de gobierno, para  así desarrollar la capacidad de opinar y estar informados a la hora de elegir. ¡Vaya decepción la mía! Con el tiempo descubrí que la mayoría de votantes son personas tan “racionales”, que toman decisiones conducidas por sus emociones en la mayoría de veces. Nieto (2010) afirma que el elector vota basándose en tres aspectos “físicos” muy marcados: corazón, hígado y estómago. A estos se suman los sueños, la credibilidad y el respeto que siente por parte de los candidatos.

En este aspecto, el corazón es el que orienta a un elector indeciso, me refiero a que el votante apela a sus sentimientos (positivos o negativos) hacia el candidato y su voto se basa en las emociones y en la simpatía o antipatía que le provoca uno de ellos. En este caso será vital la credibilidad del postulante al poder; pues si a la gente le cae mal, le tiene antipatía o no cree en él, difícilmente le otorgarán su voto. Este factor dejó sin la banda presidencial peruana al destacado escritor Mario Vargas Llosa, en el 90.

Se dice que los ciudadanos votan con el hígado, cuando el origen del voto es negativo; me refiero a que el elector apela a su ira, su cólera o resentimiento; esto le hace votar en contra de alguien o de algo. Es muy habitual en las contra-campañas, donde se analiza de manera exhausta la negatividad del candidato y sus oponentes. Se le recuerda a la ciudadanía sucesos negativos de tal o cual candidato, para reducirle votos. Sin duda alguna, Keiko Fujimori carga una mochila pesada con su apellido, pues ha sufrido este tipo de votos en dos elecciones consecutivas, donde más de la mitad de peruanos le dieron la espalda. Los delitos cometidos por su padre, el expresidente y actual reo Alberto Fujimori Fujimori, serán difíciles de olvidar.

El voto con el estómago se da cuando el elector opta por el candidato que puede satisfacer sus necesidades de distintas índoles; es decir, lo estimará siempre y cuando haya hecho alguna obra por este o su comunidad, y en efecto su voto estará condicionado a que el postulante haga algo más por él, apenas llegue al poder. Muchas veces, los electores  venden su voto, su conciencia y entregan su derecho a reclamarle al candidato electo el voto que ya pagaron. Para ello existen ahora los líderes prepago, donde el excandidato presidencial Cesar Acuña Peralta, es de lejos, el flamante abanderado.

Creo que en la actualidad, prácticamente, no existe una cultura electoral donde el ciudadano sea capaz de votar responsablemente apelando a su análisis crítico, pues como he mencionado, la mayoría del electorado peruano vota conducido por sus emociones. Los votos circulan por sentimientos, resentimientos o necesidades, los cuales hacen soñar al elector con un futuro diferente. En este contexto, ya no importa mucho si sabe de política y propuestas. En buena cuenta, las elecciones no son un concurso, en el cual gana el mejor o el que merece llegar al poder. Hubo situaciones, en las cuales, el candidato, en el papel, más capaz, correcto y eficiente pierde la contienda electoral, dejando en claro que la gente busca líderes que, en las campañas, actúen en sintonía con el sentimiento popular.

 

 

 

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