El papel de la comunicación dentro de la definición del desarrollo en América Latina.

conversationHablar de desarrollo no es asunto fácil. Con frecuencia, el común de las personas vincularía su concepto a ciudades llamadas “de avanzada”, donde la economía juega un rol principal en el destino de sus ciudadanos. Las mega-construcciones, el consumo masivo y las tecnologías digitales representan su rostro más atractivo. Pero, ¿solo así podremos lograr ser “desarrollados”? , o es que ¿existen otras formas de lograrlo que no impliquen estos elementos sino acciones que se centren en otras dimensiones del ser humano? La respuesta parece estar en América Latina, un bloque que intenta generar su propio cambio y que, curiosamente, encuentra en la comunicación su mejor alianza.

Desde la década de los 60, teóricos latinoamericanos observaron que las políticas americanas de desarrollo, impulsadas luego de la Segunda Guerra Mundial, no lograban impactar de modo favorable en la solución de problemas sociales sino que ensanchaban la brecha con los países “del norte”. Denominaron entonces a ello: “Teoría de la Dependencia” (haciendo un comparativo con la antigua colonización). Poco o nada hicieron los gobiernos por entenderlo, al contrario continuaron impulsando medidas hacia una modernización deliberada, que acallaba otras voces que solo empezaban a oírse (Beltrán, 2005) y que continuarán los siguientes años.

La historia cuenta que Latinoamérica es una mezcla universal de los distintos rostros, imaginarios y costumbres del mundo, que se ha constituido como un espacio diverso y complejo de entender, incluso hasta nuestros días. Entender, esa era la palabra. Sociedades tan particulares tienen formas distintas de hacer las cosas; por ende, de expresarlas. Radica aquí la importancia de la comunicación dentro de los procesos del desarrollo social latinoamericano.

mapaLa ONU (1997) definió a la comunicación para el desarrollo como “la necesidad de apoyar los sistemas de comunicación recíproca que propicien el diálogo y permitan que las comunidades se manifiesten, expresen sus aspiraciones e intereses y participen en las decisiones relacionadas con su desarrollo”. Esta formalización resulta útil para demarcar un campo aunque con aciertos y vacíos. En la actualidad, la práctica comunicacional ha superado con creces a lo escrito en el papel.

Ramiro Beltrán, reconocido comunicólogo boliviano, expone que la comunicación también experimenta variaciones en su rol. Desde prácticas meramente instrumentalistas, pasando a un enfoque estratégico de sus herramientas y metodologías hasta concluir en una visión más `social´, que profundiza sus implicancias en la participación, el diálogo y el empoderamiento comunitario como indicador de su impacto transformador.

La participación es esencial en el proceso del desarrollo. Todos los pasos necesitan con obligación del aporte continuo de las comunidades; son ellas las que mediante su experiencia mostrarán las magnitudes de sus problemas y construirán las posibilidades de solución; elegirán sus herramientas, sus espacios y sus motivos para el cambio. Resulta evidente que el diálogo sea el medio que genere esa participación. Este debe ser recíproco, acogedor, fructífero. Para ello, se hace uso no solo de las palabras, sino que las expresiones, gestos y tonalidades también impulsan la creación de las opiniones, refuerzan el acercamiento y la interiorización de los objetivos. Este último punto, resumiría el éxito que aspira la comunicación, dejar en el seno de la comunidad la continuidad del cambio asumido.

Bonito es; pero sencillo, no. En nuestra región, sociedades que durante años han experimentado el olvido y las muestras mezquinas de apoyo, han erguido barreras (con justicia) que dificultan los objetivos.  Pero, que curiosamente encontrar como experiencias de cambio a las radios comunitarias, teatros callejeros, musicales, festivales, etc. en donde los mismos ciudadanos son los promotores, es habitual. Será pues, la necesidad de sentirse escuchados, participes, merecedores de ser visibles frente la hegemonía.

AMERICA-LATINA

Estas experiencias representan la otra huella de la comunicación, una huella que sigue puliendo sus límites. Una que se aleja de los escritorios. Una que hace de su centro de operaciones a las comunidades y que se centra en las personas, las que tienen culturas, costumbres, sueños y sobretodo necesidades. Aquellas que definen lo que significa ser desarrollados.

FUENTES DE CONSULTA:

  1. Gumucio, A. (2001). “Haciendo olas. Historias de comunicación participativa para el cambio social”. Fundación Rockefeller.
  2. Beltrán, R. (2005). “La comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo”. III Congreso Panamericano de la Comunicación. UBA. Argentina.
  3. UNICEF (2006). “Cuadernillo 2. Elaborando proyectos de comunicación para el desarrollo”. Argentina.
  4. FAO (2008). “Manual Diagnóstico de Participativo de Comunicación Rural. Capítulo I: La Comunicación para el Desarrollo en Acción”. Roma. 2° edición.
  5. PNUD (2011). “Comunicación para el desarrollo. Fortaleciendo la eficacia de las naciones unidas.”. Estados Unidos.

 

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Flavio Zuñiga Martínez

Estudiante de IX ciclo de Ciencias de la Comunicación- UPAO.

El área que prefiero es la  comunicación para el desarollo (o en mayor dimensión para el cambio social).  Tengo un fuerte interés por lo social, me mueve ser parte de la transformación. La mayor experiencia académica la viví en un proyecto social para el mercado de Moche, el que me ofreció grandes oportunidades. Como hobbies tengo la  música y la actuación, por ello participé en un coro parroquial como titiritero para niños.

fzunigam@upao.edu.pe